Para empezar pedimos disculpas a nuestros poquísimos y queridísimos lectores (entre ellos
la lola de loca,
el sol obeso,
emma,
uno que yerra y esperemos que alguien más) por nuestra
inavisada ausencia. Esto se debe a que, aunque sea difícil de creer (y algo muy triste para nosotras y nosotros) tenemos vida laboral, académica y familiar. Y sorprendentemente el hijo de una gran puta de Dios (porque sí existe Russellianos del carajo, y es un estafador) nos vino a joder con estas boludeces a todos nosotros y nosotras a la vez. Algunas tuvimos que cuidar a nuestros hijos de mierda, otros tuvieron que trabajar horas extras en empresas que funden al país, alguno prometió que escribiría pero tuvo que mirar si llovía, y otras tuvieron que rendir exámenes (bueno, "exámenes", es una forma de decir -en una universidad privada se rinde evaluación de cuán bien chupamos la "teoría" del profesor-). Hecha esta cosa que una vez un astrólogo egipcio nombró
disculpas, seguimos con el tema que nos convoca.
La semana pasada, entre las publicidades de un programa de tele que dice buscar el "gen" argentino, vimos
la propaganda de de Narváez. No, no es Pánfilo de Narváez (aunque la identidad cronológica de sus comentarios parezcan del Siglo XVI). Éste se llama Francisco de Narváez. Es empresario, arquitecto y lo más importante: es candidato a gobernador de la Provincia de Buenos Aires, representando al
PRO. Por si no lo vieron, es el de la foto de arriba: una especie de mezcla entre el hermano de Conti con Jean-Claude Van Damme y algún malo de película que enloquece y se empieza a teñir el pelo de color piel, se tatúa un dragón en el cuello y se hace llamar "dead-machine". Bueh, al margen de estas pelotudeces, en la propaganda que vimos, de Narváez hace las payasadas que todos los políticos hacen y en determinado momento, cuando deja de caminar, mira fijo a la cámara, a la lente, al ojo del camarógrafo, a las caras de los televidentes, al ojo del televidente, y dice a la par de unos platillos que estallan:
"Soy el candidato que los delincuentes no deberían votar". Esta frase nos llamó mucho la atención.
En un principio no entendíamos bien. Entonces la empezamos a mirar como a un culo abierto a punto de meterle la lengua. "Soy el candidato que los delincuentes no deberían votar". ¿Qué quiere decir eso? Parece ser que él es un candidato con determinadas cualidades que determinan la imposibilidad de que un delincuente lo vote ¿no? Pero es raro por varias razones: primero que no es una afirmación tan fuerte como si hubiese dicho"Soy el candidato que los delincuentes no deben votar", cosa que aliviana el discurso de Francisco de una manera extraña para ser un político. Da la sensación de que es una posibilidad (que los delincuentes no lo voten) que si bien le vendría bien "a la Argentina", no depende totalmente de él. Él sabe que es un candidato honesto, que quiere una mejor seguridad, etc., etc., pero no va a obligar a nadie a hacer nada.
Y otra de las razones de la extrañeza que tenemos es que nos parece muy rara la idea que expone: ¿por qué no dice en todo caso que los delincuentes no lo van a votar, o que él no es un delincuente, o que estamos cansados de votar a delincuentes? ¿Por qué le importa tanto quiénes lo votan y quiénes no? ¿Por qué se enfoca en si los que lo votan son delincuentes, en vez de focalizarse en los (otros) delincuentes políticos? ¿Por qué los ciudadanos (delincuentes o no, son ciudadanos) y no los políticos?
Y acá está la tremenda hija de putez de esta proposición: el slogan de su propaganda política, "Soy el candidato que los delincuentes no deberían votar", se aleja de lo que en general hacen los políticos que es 1) o engrandecerse a costas de los demás, tratando de desvaloriazar los discursos ajenos ("dicen que soy aburrido..." - o sea: ellos dicen algo que no es) o 2) directamente alabarse a sí mismos, haciendo creer que todo estarán existiendo por y para el ciudadano ("síganme, no los voy a defraudar" - ...). De Narváez en cambio se focaliza en los delincuentes, deviando el ojo de los políticos y de su persona para que, de esta manera, el foco esté en los ciudadanos, en los votantes. Porque si bien los delincuentes para esta "dead-machine" no deben ser ciudadanos, lo que seguro que no son es políticos. Y justamente como sabe que la idea simplista es que el país se divide en políticos contra el pueblo, y los delincuentes son más pueblo que políticos, no los obliga a no votarlo ("no deberían"); él propone. Y para atajarse de los pelotudos de Vicente López, Martínez, San Isidro, Nordelta, Escobar, San Fernando, etc. y ganar sus votos, dice que a los delincuentes (esos ciudadanos que se alejan de ser ciudadanos) van a ser combatidos legítimamente. No a través del autoritarismo, sino de propuestas.
De narváez construye su imagen de honesto y auténtico, apelando al votante, a nosotros y nosotras, a ustedes. Si pudiésemos traducirlo en pocas palabras, quedaría algo así:
"Si no me votan, son delincuentes". Eso. ¿No les parece? ¿A ustedes no les suena muy rara esa frase?
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(... sino hagan como nosotras y nosotros... nos vamos lejos, lejos... con música y algún libro que NO sea de viajes y roads y esa historia... ... nos vamos lejos y no votamos. Ni siquiera sabemos qué hacemos... porque nos vamos cada uno por su lado... solo... donde no haga frío... me voy donde no haga frío y haya sol... a la playa... con mis problemas que son vanos... ... y que igual no se van... ... ... sin votar... ... después de mi vida... se cayeron todas las hojas de la pared ... ... no votamos y vamos lejos... ... ... ... ... ... ...algún día vas a estar bien... ... ... ... sin querer... me quedé solo... en la playa...)